El TDAH en adultos

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno tradicionalmente diagnosticado en la infancia y en la adolescencia; de hecho es el trastorno del neuro-desarrollo más frecuente en dichas etapas, padeciéndolo entre un 8 y un 12% de la población, lo cual nos da idea de la relevancia social del mismo. Sin embargo, cada vez son más los casos diagnosticados en adultos (4%) al haber hoy día mucha más sensibilidad social e información sobre este trastorno y, además, porque mucho de los padres de niños que han sido ya diagnosticados se identifican claramente con ellos y solicitan un posterior diagnóstico que ratifique sus sospechas.

Los adultos que presentan síntomas de TDAH los han tenido que presentar también en su infancia, al menos alguno de ellos. Actualmente se marca como edad de corte los 12 años, es decir que antes de esa edad han tenido que aflorar algunos de los indicadores habituales del trastorno, los cuales veremos a continuación. Se sabe que aproximadamente un 60% de los niños y niñas diagnosticados de TDAH llegarán a adultos manteniendo los indicadores propios del mismo. Quede claro, por tanto, que no todos los niños con TDAH serán adultos con TDAH.

La evolución del trastorno a lo largo de la vida de una persona es muy variable, en función de la confluencia de múltiples factores, tanto endógenos como exógenos. En cualquier caso, los numerosos estudios longitudinales con los que ya contamos nos permiten establecer una línea común de evolución de los tres síntomas considerados nucleares.

Así, los síntomas de hiperactividad son los que tienen una mejor evolución, disminuyendo considerablemente sus manifestaciones a partir de la adolescencia y transformando sus manifestaciones habituales en los niños (corretear continuamente, saltar sin parar, levantarse de la silla…) por una sensación subjetiva interior de movimiento continuo. Las conductas no son ya tan llamativas y evidentes, y se transforman en otras manifestaciones más “tolerables” por el entorno, fundamentalmente la necesidad de actividad continua.

Por su parte, la impulsividad (verbal, conductual o cognitiva), que tan malas pasadas juega a niños y niñas al no ser capaces de pensar y reflexionar antes de actuar, también tiene una evolución bastante positiva, aunque sus síntomas perduran más en el tiempo que la hiperactividad. En cualquier caso, está más que comprobado que los adultos con TDAH cometen mayores infracciones de tráfico, tienen mayor tasa de accidentes, tienen mayores tasas de consumo de alcohol y drogas…

Y por último, la inatención es el síntoma que peor evolución tiene, perdurando hasta la vida adulta en la mayoría de los casos. Las dificultades propias de los niños a la hora de concentrarse en las tareas escolares se proyectan ahora en el trabajo; la falta de organización y planificación también perdura (nunca terminan lo que tenían planeado), así como los olvidos frecuentes (antes la mochila, ahora las llaves del coche); los problemas para mantener una conversación sin que se nos vaya la cabeza persisten, etc.

El TDAH es un trastorno complejo en el que hay presentes elementos orgánicos, emocionales, conductuales y educativos y que requiere, por tanto, de un abordaje multidisciplinar para su correcto diagnóstico y tratamiento, que incluya tanto tratamiento psicopedagógico como farmacológico. Está demostrado científicamente que de la combinación de ambos tratamientos se obtienen los mejores resultados.

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